002 Explica el diferente nivel de desarrollo de las áreas celta e ibérica en vísperas de la conquista romana en relación con la influencia recibida de los indoeuropeos, el reino de Tartesos y los colonizadores fenicios y griegos

Aproximadamente hacia el primer milenio a. C. (Edad del Hierro) comienzan las primeras referencias escritas sobre Iberia. En este periodo la diversidad cultural aumenta y los pueblos extranjeros, procedentes de Centroeuropa (celtas), y del Mediterráneo oriental (fenicios y griegos), llegan a la Península Ibérica en busca de tierras que cultivar o metales para comerciar. Paralelamente el sustrato indígena evoluciona por influencia de estos colonizadores originando la civilización íbera y tartésica.

Áreas Céltica e Ibérica

En el siglo III a. de C., en vísperas de la conquista de los romanos, la Península ibérica constituía un mosaico de pueblos muy diversos que se agrupaban principalmente en dos áreas:

  1. Área ibérica (sur y levante). Los iberos eran descendientes de los indígenas prehistóricos. Al recibir las influencias civilizadoras de griegos y fenicios aumentaron su grado de civilización (aculturación).
    • Su economía era rica, con un activo comercio y uso frecuente de la moneda.
    • La estructura social estaba bastante evolucionada y se dividía en grupos diferenciados por su poder o riqueza; comprendía desde la aristocracia hasta los esclavos.
    • Su organización política, era ya de tipo estatal, según el modelo griego o fenicio de la ciudad-estado. Los diferentes estados nativos comprendían una o varias ciudades que controlaban el territorio circundante, con formas de gobierno monárquicas que contaban con asamblea, senado y magistrados
  2. Área celta (norte, centro y oeste). Los celtas habían penetrado en la Península a través de los Pirineos (invasiones indoeuropeas). También se puede incluir en esta área a los llamados celtíberos, de la zona centro-oriental de la meseta, pueblos indígenas que se habían fusionado con los invasores celtas y que habían asumido su cultura. Más alejada de la influencia de los colonizadores orientales, el área celta estaba más atrasada en todos los ámbitos, aunque era muy heterogénea y existían grandes diferencias de desarrollo entre unos pueblos y otros. Los del centro y el oeste estaban tanto más desarrollados cuanto más próximos a los pueblos ibéricos; en cambio, los del norte –galaicos, astures, cántabros y vascones– presentaban un nivel más bajo de desarrollo a causa de su aislamiento geográfico.

En suma, hacia los siglos V-IV a. de C., la Península prerromana estaba definitivamente formada por dos grandes áreas lingüísticas —ibérica y céltica (o indoeuropea)— y varias subáreas étnico-culturales; etnias, pueblos y comunidades —en total, en torno a tres millones de habitantes— conocidos por fuentes romanas muy posteriores. Por otro lado, con las visitas de sus gentes, Oriente y Europa enriquecieron el proceso de mestizaje iniciado en ese momento y estimularon la divergencia cultural entre la costa y el interior peninsulares, que se prolongará en la historia de España hasta la aparición del ferrocarril en el siglo XIX.