003 Define el concepto de romanización y describe los medios empleados para llevarla a cabo

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003 Romanización 61.98 KB

Se entiende por romanización el proceso de imposición y/o adaptación de los pueblos hispanos a las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales del Imperio romano (218 a. de C. -476 d. de C.). Se trata, pues, de la asimilación, voluntaria o forzada, de la cultura y forma de vida romanas por parte de los pueblos prerromanos peninsulares. El proceso de romanización de Hispania tuvo dos fases: la conquista militar y la integración de los pueblos hispanos en el Imperio romano. Sin embargo, este fenómeno de aculturación no fue homogéneo sino que fue un proceso discontinuo con resultados desiguales:

  1. En el área ibérica (sur y levante), más urbanizada y con formas de organización no muy diferentes de las de Roma, no solo fue más fácil la conquista, sino también su inserción en la civilización romana.
  2. En el centro y oeste la romanización fue tanto más difícil cuanto menor era su grado de urbanización y desarrollo.
  3. En el norte, la zona más atrasada y la última en conquistarse, la vida urbana era inexistente y los romanos no consiguieron desarrollarla ni imponer del todo su modelo de vida.

En cualquier caso, el proceso de romanización se llevó a cabo en todos los rincones del Imperio a través de los mismos cauces:

  1. La extensión de la vida urbana. En el sur y levante aprovecharon la amplia red de ciudades preexistentes y se limitaron a transformar sus órganos de gobierno autónomos en órganos dependientes de la administración general romana. En cambio, en el resto de la Península se crearon nuevas ciudades, según el modelo romano, para romper las primitivas formas indígenas de organización económica, social y política.
  2. EI papel del ejército. El ejército fue uno de los más importantes vehículos de difusión de la civilización romana. Se reclutaron tropas auxiliares entre los pueblos indígenas, lo que facilitaba su contacto con los romanos, y, además, al término de su servicio militar, podían obtener el privilegio de la ciudadanía romana y recibir lotes de tierras. A veces, junto a los campamentos de las legiones, se formaron canabae, núcleos urbanos habitados por mercaderes, soldados licenciados, mujeres e hijos de soldados, etc., que se convirtieron con el tiempo en municipios romanos. Es el caso, por ejemplo, de León, cuyo nombre deriva de legio, ya que allí estuvo asentada la Legio VII Gemina.
  3. La fundación de colonias. El asentamiento de ciudadanos romanos en colonias de nueva creación o en tierras confiscadas a los indígenas también extendió el modelo de vida romano. En general, se trataba de soldados veteranos, a los que se entregaban tierras en pago por su servicio militar. Mérida (Emérita Augusta), por ejemplo, fue fundada por orden del emperador Augusto para asentar a los veteranos de las guerras cántabras.
  4. La concesión de la ciudadanía romana a los indígenas. La obtención del título de ciudadano romano suponía gozar de numerosos derechos y privilegios, por lo que se utilizaba su concesión como reclamo para imponer la dominación romana. Fue un proceso progresivo que se inició con la aristocracia indígena, para asegurarse su apoyo y colaboración.

Con esta romanización la población indígena asimiló los modos de vida romanos en diversas facetas (lengua, religión, obras públicas, derecho, administración, urbanismo...). La romanización conllevó cambios radicales para la historia peninsular: latinización (expansión del latín y eliminación de las lenguas ibéricas e indoeuropeas, lo que supuso la unificación lingüística de la Península), creación de estructuras político-administrativas (provincias, gobernadores, ciudades, municipios), principios de derecho, red viaria, grandes infraestructuras, toponimia y onomástica nuevas, idea de ciudadanía, nuevo orden social, cultura romana, nuevos sistemas religiosos (incluido, ya muy tardíamente, siglo III de nuestra era, el cristianismo).

Las ciudades peninsulares, tras el impulso romano a la urbanización: Itálica, Corduba, Tarraco, Hispalis (Sevilla), Emérita Augusta, Cesaraugusta (Zaragoza), se configuraron según el modelo de la propia Roma e incorporaron por ello construcciones características de la vida urbana romana: termas y baños, alcantarillado, teatros (Mérida, Itálica, Sagunto), anfiteatros, templos, basílicas, acueductos (Segovia, Mérida), foros, arcos de triunfo (Bará, Medinaceli), circos, murallas (Lugo, Coria). La amplia red viaria de calzadas construida (Vía Augusta, Vía de la Plata...) y las obras de infraestructura complementarias (puentes, como los de Córdoba y Alcántara, puertos) vertebraron la Península; y con el tiempo, diversos ramales y redes interiores tejieron una especie de gran retícula de comunicaciones interpeninsulares.

Por todo ello, Hispania terminó por ser una de las provincias más romanizadas del imperio. Así lo muestra la aparición de importantes personalidades romanas originarias de Hispania: escritores (el filósofo Séneca, el poeta Lucano, etc.), senadores, gobernadores provinciales, altos funcionarios, tribunos militares, emperadores (Trajano, Adriano, Teodosio). En suma, las elites hispanas se integraron pronto en el sistema romano. Hispania fue así una parte del universo romano occidental. Tras el derrumbe del Imperio, el cristianismo (religión permitida con el emperador Constantino) se convirtió en la principal salvaguarda de las esencias de la cultura latina y en la fundamental impulsora de la romanización de las tribus bárbaras.