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Expulsión de los judíos

Bloque 3

Expulsión de los judíos: el 31 de marzo de 1492 se dictó el decreto de expulsión de los judíos por los Reyes Católicos mediante el Edicto de Granada con la finalidad, según el decreto, de impedir que siguieran influyendo en los cristianos nuevos (conversos) para que éstos regresaran a su religión judía. La decisión de expulsar a los judíos está relacionada con la instauración de la Inquisición en la Corona de Castilla y en la Corona de Aragón. El Decreto de Expulsión establecía estas condiciones:

  1. La expulsión de los judíos era definitiva.
  2. No había ninguna excepción, ni por razón de edad, residencia o lugar de nacimiento.
  3. Se daba un plazo de cuatro meses para que salieran de los dominios de los reyes. Se establecía la pena de muerte y la confiscación de sus bienes a los que no lo cumplieran.
  4. En el plazo fijado de cuatro meses los judíos podrían vender sus bienes inmuebles y llevarse el producto de la venta en forma de letras de cambio —no en moneda acuñada o en oro y plata porque su salida estaba prohibida por la ley— o de mercaderías —salvo armas y caballos—.

Aunque en el edicto no se hacía referencia a una posible conversión, esta alternativa estaba implícita. Pocos judíos se bautizaron, por lo que unos 100.000 abandonaron la Península. Varios miles regresaron y aceptaron el bautismo.