2.10 (26) Explica el origen y características del régimen señorial y la sociedad estamental en el ámbito cristiano

Durante los siglos XI-XIII, el feudalismo triunfó definitivamente en Europa Occidental. El feudalismo se caracterizó, en primer lugar por el dominio de una economía agrícola basada fundamentalmente en la explotación de la tierra, cuya posesión (régimen señorial) se convirtió, además, en símbolo de prestigio social y de poder; y, en segundo lugar, en unas relaciones sociales basadas en juramentos de fidelidad que crearon unas relaciones de dependencia entre los estamentos

Entre los siglos X y XI tuvo lugar la formación de los grandes dominios o señoríos territoriales a los que los campesinos libres se vieron forzados a encomendarse. Estos señoríos fueron formándose desde la época visigoda donde el rey cedía en usufructo un feudo a cambio de ayuda militar del señor. El paso de la libertad de los campesinos a la dependencia puede realizarse directamente por medio de la encomendación que supone, por parte del campesino, aceptar como señor a un noble o institución eclesiástica a los que entrega sus tierras a cambio de protección. La renta de estos señoríos se pagaba en forma de suministro de excedentes (una parte de la cosecha), pero sobre todo, en días de trabajo para el señor. Esta última modalidad tendió a disminuir debido a que el señor prefirió sustituir las prestaciones de trabajo por censos o arrendamientos sobre parcelas de tierra, de modo que le proporcionases dinero o productos que pudiera comercializar.

A partir del s. XIII se desarrollaron los señoríos jurisdiccionales. Estas jurisdicciones eran una serie de funciones públicas y derechos (ejemplo: derecho a hacer justicia, a cobrar los impuestos, a establecer una serie de monopolios del señor, etc.) que la monarquía concedía a los nobles feudales (laicos o eclesiásticos) sobre los habitantes de los señoríos que ostentaban. De esta manera, los pobladores de un señorío se convertían en vasallos del señor, quien asumía, entonces, las funciones propias del rey. Esto suponía en el plano político que la autoridad efectiva del rey quedaba limitada por el poder de la nobleza y el clero, titulares de los señoríos.

Junto a la estructura feudal del campo, apareció, a partir del s. XI las ciudades (burgos), aunque no fue hasta el siglo XIII cuando empezaron a desarrollarse plenamente. Muchos de estos burgos o municipios obtuvieron fueros del monarca lo que permitió que escaparan al señorío jurisdiccional de los nobles. Los gobiernos municipales quedaron, entonces, en manos de la burguesía urbana. La entrada de representantes de las ciudades en la Curia Real provocó la creación de una nueva institución: las Cortes.

La división social en el Medievo cristiano se basaba en una división tripartita, definida por la función esencial que cada grupo o estamento desempeñaba para el conjunto de la comunidad: el clero (oradores), encargado de velar por la salvación de las almas; la nobleza (defensores), cuyo cometido era la defensa de la comunidad; y el estado llano (labradores), al que correspondía trabajar para el mantenimiento de todos.

Este reparto de funciones se justificaba como plasmación en este mundo de la voluntad divina de armonía social:

  1. La nobleza: Disfrutó de un mismo estatuto legal privilegiado que la eximía de pagar impuestos y gozaba de privilegios jurídicos, como disponer de tribunales. Por su distinta riqueza se distinguían una alta nobleza o ricos-hombres, en Castilla, y, barones en la Corona de Aragón y Navarra. La baja nobleza estaba formada por caballeros o infanzones (hidalgos). La alta nobleza terminó por controlar amplios dominios territoriales, en los que, además de las rentas que percibían, gozaban de poder jurisdiccional. Dichos señoríos pervivieron hasta el siglo XIX, en que fueron suprimidos.
  2. El clero: Acaparaba una gran parte de la riqueza territorial, del fisco (a través del diezmo) y de los señoríos jurisdiccionales. Además tenía los mismos privilegios que la nobleza. Había un clero secular (obispos, sacerdotes, arzobispos, etc.) y clero regular (monjes), que era el que vivía sometido a una regla monástica. Socialmente se distinguía el alto clero, generalmente reclutado en las filas de la nobleza, y el bajo clero, más próximo al pueblo.
  3. Los campesinos: Representaban entre el 80 y el 90 % de la población de los reinos cristianos. En principio se diferenciaban por su distinta relación con la tierra en: pequeños propietarios libres, colonos y siervos, pero a medida que se impusieron los señoríos jurisdiccionales terminaban todos adscritos a la gleba. En diversas ocasiones hubo revueltas campesinas. Las más importantes fueron las de los “payeses de remensa”, que afectó a las tierras de Cataluña; y las revueltas irmandiñas, en Galicia.
  4. La burguesía: Es el nombre genérico con que se conoce a la clase social que apareció en las ciudades y cuya característica fundamental era su libertad frente a la jurisdicción señorial. En Castilla tuvo poca importancia porque las ciudades, en su mayoría, eran agrícolas-ganaderas. En Cataluña, por el contrario, apareció una numerosa burguesía formada por comerciantes y artesanos. También en este grupo se distinguieron dos grupos claramente diferenciados: el patriciado, grupo dirigente; y los modestos artesanos y pequeños mercaderes, es decir, el “común”.
  5. Minorías marginadas: En los núcleos políticos de la España medieval vivían también otros grupos de población: los judíos y los mudéjares, a los que hay que sumar los conversos de origen musulmán (moriscos) y sobre todo judío (judioconversos).