04 Las vertientes hidrográficas

Imagen de Francisco J. Calzado

Nivel: 2.º de Bachillerato · Edición: 19 de septiembre de 2025

1. Marco hidrográfico de España y factores condicionantes del régimen fluvial

España presenta un drenaje mayoritariamente exorreico, organizado en tres grandes vertientes (Cantábrica, Atlántica y Mediterránea) cuya configuración responde a la estructura y el modelado del relieve peninsular. La Meseta central, elevada y rodeada por sistemas montañosos, y las alineaciones periféricas —Cordillera Cantábrica, Sistema Ibérico y sistemas Béticos— dibujan divisorias de aguas que condicionan el trazado de las cuencas y explican la acusada asimetría entre vertientes, especialmente entre la atlántica (de ríos largos y con amplias cuencas) y la mediterránea (más corta, con cursos torrenciales en buena parte del sureste). Esta organización se refleja en la delimitación oficial en España de 25 demarcaciones hidrográficas (inter e intracomunitarias) que planifican y gestionan los recursos a escala de cuenca, conforme a la Directiva Marco del Agua [1][2][3].

1.1. Conceptos y marco territorial

Se denomina vertiente hidrográfica al conjunto de cuencas cuyos ríos desembocan en un mismo mar u océano; la divisoria de aguas separa dichas vertientes. En España, las grandes divisorias están asociadas a la Cordillera Cantábrica, el Sistema Ibérico y los sistemas Béticos, que separan el drenaje hacia el Cantábrico, el Atlántico y el Mediterráneo, respectivamente [2]. A efectos administrativos y de gestión, el territorio se organiza en demarcaciones hidrográficas (25 en total), cada una con su Plan Hidrológico, distinguiéndose demarcaciones intercomunitarias (cuencas que afectan a varias CCAA y son gestionadas por confederaciones hidrográficas estatales) e intracomunitarias (completamente dentro de una sola comunidad autónoma y gestionadas por ésta) [1]. La cartografía oficial de cuencas y subcuencas utiliza esquemas jerárquicos (Pfafstetter modificado) para el análisis hidrológico y la gestión [4][7].

1.2. Factores físicos del régimen fluvial

Relieve y estructura. La altitud media elevada de la Meseta, el basculamiento hacia el Atlántico de buena parte de su superficie y los encajamientos periféricos explican ríos atlánticos largos (Duero, Tajo, Guadiana, Guadalquivir) con perfiles de equilibrio más tendidos, mientras que en el Mediterráneo abundan cursos cortos, con fuertes pendientes y elevada torrencialidad. Las cabeceras pirenaicas y béticas introducen componentes nival y nivo‑pluvial en el régimen de algunos ríos (Ebro alto, afluentes pirenaicos), frente al predominio pluvial en el resto [2][5].

Clima. La circulación atmosférica y la distribución espacial y estacional de la precipitación condicionan el caudal y su estacionalidad: en el norte húmedo (influencia atlántica) predominan regímenes pluviales oceánicos con máximos invernales y mínima estacionalidad; en el interior meseteño y la fachada atlántica suroccidental la continentalidad y la irregularidad interanual marcan caudales más contrastados; en el Mediterráneo destacan la fuerte estacionalidad (veranos secos) y los episodios de lluvias intensas de otoño (gota fría/DANA), que generan crecidas súbitas; en alta montaña (Pirineos) la acumulación nival desplaza parte de los máximos a la primavera por fusión [5][6][8].

Litología y suelos. Las rocas permeables (calizas, materiales detríticos porosos, lavas fisuradas) favorecen la infiltración, alimentando acuíferos y modulando el régimen (aportes más sostenidos). Por el contrario, sustratos impermeables (pizarras, arcillas) incrementan la escorrentía superficial y la respuesta rápida de las cuencas, rasgo habitual en numerosos ríos mediterráneos y cantábricos de pequeño recorrido [7][5].

Cobertura vegetal. La vegetación —natural o antrópica— regula la intercepción y la evapotranspiración y estabiliza suelos, suavizando puntas de crecida y favoreciendo la recarga cuando las pendientes y litología lo permiten. La deforestación o incendios aumentan la escorrentía y la carga sólida, con impactos aguas abajo (colmatación de embalses, pérdida de hábitats ribereños) [5].

1.3. Factores antrópicos del régimen fluvial

Regulación y derivaciones. España dispone de una de las mayores capacidades de embalse de Europa, con una red extensa de presas y canales que laminan crecidas, sostienen caudales en estiaje, permiten el regadío y la producción hidroeléctrica, pero alteran el régimen natural (hidrogramas, temperatura del agua, transporte de sedimentos) y las condiciones ecológicas. La planificación hidrológica de cuenca —en aplicación de la Directiva 2000/60/CE— fija caudales ecológicos y medidas para compatibilizar usos y buen estado de las masas de agua [3][9][6].

Cambios de uso del suelo y demanda hídrica. La expansión del regadío, la urbanización y la industria modifican extracciones y retornos, afectando tanto a aguas superficiales como a acuíferos (con riesgos de sobreexplotación o salinización en zonas costeras). Los recursos no convencionales (reutilización y desalación) y la digitalización del seguimiento hidrológico se integran progresivamente en la gestión reciente [6].

Variabilidad y cambio climático. La mayor frecuencia de sequías y de episodios de lluvias intensas observada en series recientes y resumida por AEMET apunta a un aumento de la irregularidad hidrológica, con impactos en la disponibilidad y en los riesgos de avenidas, especialmente en cuencas mediterráneas y del interior [5]. Estos patrones refuerzan la necesidad de adaptación en la planificación y de restauración fluvial para recuperar resiliencia ecosistémica.

2. Vertiente cantábrica

La vertiente cantábrica comprende las cuencas cuyos ríos desembocan en el mar Cantábrico, desde la desembocadura del Bidasoa (frontera con Francia) hasta el entorno de Estaca de Bares, en el límite con la fachada atlántica galaica [2]. Se trata, en conjunto, de cuencas cortas y muy encajadas, con fuertes pendientes desde la Cordillera Cantábrica hasta la costa, lo que determina ríos breves, de elevada energía específica y respuesta rápida a la lluvia [1][2]. El clima templado y húmedo del norte peninsular confiere a sus cursos un régimen pluvial oceánico con máximos invernales y otoñales y mínimos estivales moderados, presentando en general menor irregularidad que en el resto de España [5][8].

2.1. Red fluvial y subcuencas principales

Los principales ríos de esta vertiente —entre otros— son Bidasoa, Oria, Urumea, Nervión‑Ibaizabal, Cadagua, Asón, Saja‑Besaya, Pas, Deva, Nansa, Sella, Nalón‑Narcea, Navia, Eo y diversos cursos gallegos del sector cantábrico; muchos presentan tramos cortos y encajados y desembocaduras en rías o estuarios de alto valor ecológico y socioeconómico [7][2]. A efectos de planificación, la vertiente se organiza en demarcaciones hidrográficas inter e intracomunitarias (por ejemplo, Cantábrico Occidental y Oriental, y cuencas internas de Galicia‑Costa y del País Vasco), cada una con su Plan Hidrológico 2022‑2027 [3][6].

2.2. Rasgos hidrológicos

El elevado gradiente pluviométrico del flanco norte de la Cordillera Cantábrica, unido a la suave termicidad y a una densa cobertura vegetal, origina caudales específicos altos y una estacionalidad poco acusada frente a otras vertientes, con crecidas vinculadas a la sucesión de frentes atlánticos y a episodios de lluvias persistentes; en cabeceras de mayor altitud puede observarse un componente nivo‑pluvial con máximos secundarios en primavera [5][8]. La litología impermeable dominante en numerosos tramos (pizarras y cuarcitas) favorece la escorrentía superficial y una respuesta hidrológica rápida, modulada localmente por acuíferos kársticos o detríticos donde existen [5][7].

2.3. Usos y aprovechamientos del agua

Los usos urbanos e industriales y la hidroelectricidad son significativos en varios tramos, aunque la topografía limita la implantación de grandes embalses reguladores; predominan obras de menor tamaño que laminan crecidas y garantizan abastecimientos, además de redes de saneamiento y depuración reforzadas en las últimas décadas para mejorar el estado químico y ecológico de ríos y estuarios [6][3]. Las rías cantábricas (Bilbao/Nervión, Santander, Villaviciosa, Ribadeo‑Eo, entre otras) constituyen masas de agua de transición en la DMA y concentran puertos, marisqueo y espacios protegidos, por lo que su gestión exige equilibrar usos económicos y objetivos ambientales [2][9].

2.4. Riesgos y problemática

Los riesgos de inundación se asocian a avenidas rápidas por lluvias intensas y persistentes, encajamiento de los cauces y ocupación antrópica de llanuras aluviales y riberas, con impactos recurrentes en áreas urbanas y periurbanas; la planificación de riesgos y la restauración fluvial (renaturalización de riberas, retirada de obstáculos obsoletos, mejora de conectividad) son líneas de actuación prioritarias de los planes de cuenca [6][3]. Aunque la calidad del agua ha mejorado con el refuerzo del saneamiento y depuración, persisten presiones puntuales y difusas (vertidos, escorrentía urbana e industrial) y alteraciones hidromorfológicas en tramos estuarinos y urbanos [6][9].

Síntesis. La vertiente cantábrica se caracteriza por ríos cortos y vigorosos, de régimen pluvial oceánico, caudales relativamente regulares y marcada interacción costa‑cuenca; su gestión requiere integrar abastecimiento, usos portuarios e industriales y conservación de ríos y rías bajo los objetivos de la Directiva Marco del Agua y los planes hidrológicos vigentes [3][6][9].

3. Vertiente atlántica

La vertiente atlántica recoge las aguas que drenan hacia el océano Atlántico, incluyendo las grandes cuencas de Miño‑Sil, Duero, Tajo, Guadiana y Guadalquivir, además de sistemas menores galaicos y andaluces atlánticos [2]. Se caracteriza por ríos largos, cuencas muy extensas y perfiles longitudinales tendidos, fruto del basculamiento de la Meseta hacia el oeste y su encajamiento perimetral [2]. Su escala explica una gran diversidad climática e hidrológica, pero, en conjunto, presenta mayor regularidad que la vertiente mediterránea y una capacidad de regulación muy elevada gracias a un denso sistema de embalses [6][8].

3.1. Red fluvial y demarcaciones

Las cuencas principales se gestionan mediante demarcaciones hidrográficas intercomunitarias (Miño‑Sil, Duero, Tajo, Guadiana y Guadalquivir) con Planes Hidrológicos 2022‑2027; a ellas se suman cuencas internas de Galicia‑Costa y sistemas atlánticos menores [3][6]. Dada la condición internacional de Miño, Duero, Tajo y Guadiana, su gestión requiere cooperación transfronteriza para caudales, aprovechamientos y calidad de las masas de agua, en el marco de la planificación de cuenca y la DMA [3][6].

3.2. Rasgos hidrológicos generales

Los ríos atlánticos meseteños (Duero, Tajo, Guadiana) presentan cursos largos, amplias llanuras fluviales en tramos medios y afluencia de numerosos tributarios desde los relieves periféricos. Su régimen es pluvial de influencia atlántica‑continental, con máximos en invierno‑primavera y mínimos estivales acusados por la sequedad veraniega del interior; la irregularidad interanual es notable pero menor que en buena parte del Mediterráneo [5][8]. El Miño‑Sil recibe aportes abundantes de la fachada húmeda galaica (régimen pluvial oceánico con caudales específicos altos), mientras que el Guadalquivir, encajado entre Sierra Morena y Béticas, combina aportes béticos (episodios intensos) con la continentalidad de su depresión [2][5][8]. La fuerte regulación mediante embalses lamina crecidas y sostiene caudales en estiaje, alterando no obstante el régimen natural y el transporte de sedimentos [6][8].

3.3. Principales cuencas (rasgos esenciales)

  • Miño‑Sil. Alta pluviosidad en cabeceras galaicas y cantábricas; ríos encajados en valles profundos (cañones del Sil); aprovechamiento hidroeléctrico muy relevante y desembocadura en ría estuarina compartida con Portugal [5][6][2].
  • Duero. Cuenca más extensa de España, con red densa de afluentes (Pisuerga, Esla, Tormes, etc.), estiaje estival marcado en la Meseta y gran capacidad de regulación; tramo internacional hacia el Atlántico portugués [2][6][8].
  • Tajo. Curso más largo de la Península; régimen pluvial‑continental con marcado estiaje y importante regulación; presencia de grandes embalses (Entrepeñas‑Buendía, Alcántara) que condicionan el hidrograma aguas abajo [6][8].
  • Guadiana. Red compleja con tramos endorreicos históricos en La Mancha, hoy conectados por regulación; humedales y acuíferos de gran valor ecológico susceptibles a sobreexplotación; tramo internacional significativo [6][8][5].
  • Guadalquivir. Río andaluz por excelencia, con llanura aluvial amplia en su depresión, importantes regadíos y estuario sensible a la sedimentación y a la intrusión salina; alta presión antrópica en el bajo tramo [6][5].

3.4. Usos, presiones y gestión

Predominan los regadíos extensivos (campiñas meseteñas y valle del Guadalquivir), los abastecimientos urbanos e industriales y la hidroelectricidad; la navegación interior es local (tramos bajos del Guadalquivir) y los valores ecológicos son relevantes en zonas húmedas y riberas. Las principales presiones incluyen extracciones en estiaje, contaminación difusa de origen agrario, alteraciones hidromorfológicas por regulación y defensas, y pérdida de conectividad para peces migradores; los planes de cuenca fijan caudales ecológicos, programas de medidas de depuración y reutilización, y actuaciones de restauración fluvial [3][6][8].

3.5. Riesgos y tendencias

Los riesgos de inundación afectan a llanuras aluviales de tramos medios y bajos (Duero, Tajo, Guadalquivir), con episodios vinculados a frentes atlánticos persistentes y a DANAs en cuencas meridionales; la sequía recurrente del interior y suroeste intensifica la competencia entre usos y la dependencia de la regulación. El cambio climático apunta a mayor irregularidad y extremos más intensos (sequías prolongadas y crecidas más concentradas), lo que refuerza la adaptación en planificación, eficiencia y diversificación de fuentes (reutilización, desalación donde sea coste‑eficiente) [5][6][8].

Síntesis. La vertiente atlántica integra grandes ríos regulados, con régimen pluvial‑continental u oceánico según sectores, usos agrarios e hidroeléctricos muy relevantes y retos que pasan por mejorar la calidad química y ecológica, optimizar la gestión de sequías e inundaciones y garantizar caudales ecológicos en un contexto de variabilidad climática creciente [3][6][8].

4. Vertiente mediterránea

La vertiente mediterránea agrupa las cuencas que desembocan en el mar Mediterráneo, desde el Ebro hasta el Andalucía Mediterránea, incluyendo Júcar, Segura y las cuencas internas (Cataluña, Comunitat Valenciana y Andalucía oriental) [2][3]. Su rasgo dominante es la torrencialidad en numerosos tramos cortos y de fuerte pendiente, combinada con un gran eje de escala peninsular (Ebro) que actúa como excepción por tamaño y caudales [2][5].

4.1. Red fluvial y demarcaciones

El Ebro vertebra una cuenca extensa con aportes pirenaicos y del Sistema Ibérico y desemboca en un delta de alto valor ecológico. Al sur, los sistemas Júcar y Segura estructuran el litoral levantino junto con las cuencas internas (Llobregat‑Ter, Túria, Mijares, Palancia y numerosos cauces de régimen temporal o ramblas). En planificación, la vertiente se organiza en las demarcaciones del Ebro, Júcar, Segura, Cuencas Internas de Cataluña y Andalucía Mediterránea, con Planes Hidrológicos 2022‑2027 [3][6].

4.2. Rasgos hidrológicos

Predomina un régimen pluvial mediterráneo con máximos en otoño‑invierno y mínimos estivales acusados. La circulación atmosférica favorece episodios de lluvias intensas asociados a DANA y frentes retrógrados, generando avenidas súbitas. En el Ebro alto, la componente nivo‑pluvial suaviza la estacionalidad, con máximos primaverales por fusión nival [5][8]. La litología frecuentemente impermeable y la escasa cobertura edáfica en sierras litorales aumentan la escorrentía y el transporte sólido, con efectos en deltas y albuferas (colmatación o regresión deltaica cuando hay fuerte regulación) [5][8].

4.3. Principales cuencas (rasgos esenciales)

Ebro. Gran cuenca con aportes pirenaicos y del Ibérico; delta sensible al balance entre aportes sólidos, nivel del mar y regulación; usos intensivos agrarios e hidroeléctricos en tramos medios y altos [2][6][8].
Júcar. Régimen muy irregular; fuerte regulación para abastecimientos y regadíos; presencia de acuíferos costeros vulnerables a intrusión salina; relación con sistemas litorales como la Albufera de Valencia [3][6][5].
Segura. Cuenca con escasez estructural de recursos y elevada demanda; fuerte dependencia de regulación y recursos no convencionales (reutilización y desalación); recepción de transferencias del Trasvase Tajo‑Segura reguladas por planificación estatal [3][6].
Cuencas internas mediterráneas. Ríos cortos (p. ej., Llobregat, Turia), con presión urbana e industrial, y respuesta torrencial; gestión centrada en abastecimiento, calidad y restauración de riberas [3][6][5].

4.4. Usos, presiones y gestión

La combinación de alta demanda (urbana y regadío) y recursos variables obliga a una gestión que integra embalses, acuíferos, reutilización y desalación, junto con medidas de ahorro y eficiencia. Los planes de cuenca fijan caudales ecológicos, control de extracciones, mejora de saneamiento y depuración, y actuaciones de restauración fluvial y de humedales litorales (deltas, albuferas) [3][6][8].

4.5. Riesgos y tendencias

Los episodios de lluvias intensas producen inundaciones rápidas en ramblas y valles litorales; el estiaje prolongado intensifica la competencia entre usos y la presión sobre acuíferos. El cambio climático proyecta mayor irregularidad y extremos más acusados, lo que exige reforzar la adaptación: ordenación del territorio que evite ocupaciones en zonas inundables, renaturalización de cauces, y diversificación de fuentes con evaluación ambiental y económica [5][6][8].

Síntesis. La vertiente mediterránea combina torrencialidad, estiajes severos y altas demandas; su sostenibilidad descansa en una planificación integrada de cuenca, en la protección de ecosistemas litorales y en la mejora continua de la eficiencia y la resiliencia del sistema hídrico [3][6][5][8].

5. Territorios insulares y ciudades autónomas

Los territorios insulares españoles presentan singularidades hidrológicas derivadas de su insularidad, litología y clima. Predominan cuencas cortas, fuerte torrencialidad y una elevada dependencia de acuíferos y de recursos no convencionales (especialmente desalación y reutilización) [3][5].

5.1. Islas Baleares

Régimen pluvial mediterráneo con veranos secos e irregularidad interanual. Las cuencas son pequeñas, con cursos temporales; los acuíferos kársticos y detríticos desempeñan un papel central en el abastecimiento y muestran vulnerabilidad a la intrusión salina en sectores costeros por sobreexplotación o sequías prolongadas [5]. La planificación se articula en la Demarcación Hidrográfica de las Islas Baleares (intraautonómica) con Plan Hidrológico 2022‑2027, que refuerza medidas de eficiencia, reutilización y protección de masas subterráneas [3].

5.2. Islas Canarias

Litología volcánica muy permeable en numerosos sectores y presencia de acuíferos insulares explotados mediante galerías y pozos. Los cursos superficiales son, por lo general, discontinuos (barrancos) con avenidas rápidas tras episodios intensos; la aportación de los alisios y la orografía generan fuertes gradientes pluviométricos y pisos bioclimáticos [5]. La disponibilidad natural es limitada y la desalación y reutilización son estructurales en el balance hídrico; la planificación de cuenca se integra en los instrumentos autonómicos e insulares conforme a la DMA [3][5].

5.3. Ceuta y Melilla

Cuencas muy cortas de régimen mediterráneo con respuesta rápida a lluvias intensas y estiajes acusados. Elevada dependencia de abastecimientos urbanos apoyados en desalación y mejora de saneamiento/depuración; prioridad a la gestión de inundaciones por escasa extensión de las llanuras aluviales y ocupación urbana [3][5].

Síntesis. En los espacios insulares y ciudades autónomas se combinan alta variabilidad de recursos, acuíferos vulnerables y demanda estacional ligada al turismo; las estrategias pivotan sobre ordenación del territorio, ahorro y eficiencia, control de extracciones, y diversificación de fuentes mediante reutilización y desalación, bajo los objetivos de la Directiva Marco del Agua [3][5].

6. Usos del agua, desequilibrios territoriales y gestión/planificación

6.1. Usos y demandas

Los usos del agua en España se reparten, de forma mayoritaria, entre regadío, abastecimiento urbano‑industrial y energía hidroeléctrica, con aportes menores a navegación/ocio y conservación de ecosistemas. El regadío concentra el mayor volumen de demanda anual, con fuerte peso en Meseta sur, valle del Ebro, Levante y valle del Guadalquivir; el consumo urbano e industrial se concentra en áreas metropolitanas y litorales; la hidroelectricidad está asociada a grandes sistemas regulados del norte y de la Meseta [3][6][8]. La planificación de cuenca busca ajustar extracciones a la disponibilidad (superficial y subterránea), reforzar eficiencia (modernización de regadíos, reducción de pérdidas urbanas) y diversificar con reutilización y desalación en zonas deficitarias [3][6].

6.2. Desequilibrios territoriales

Existe un gradiente norte‑sur y litoral‑interior en disponibilidad y regularidad: el norte húmedo y sectores atlánticos occidentales presentan mayores aportes y menor irregularidad, mientras que el Levante y sureste registran escasez estructural y alta variabilidad, con estiajes prolongados [5][8]. Estas diferencias explican una elevada dependencia de regulación (embalses y derivaciones) y, en determinadas zonas, la necesidad de recursos no convencionales (reutilización, desalación) y gestión integrada de acuíferos costeros para evitar intrusión salina [3][6][5].

6.3. Instrumentos de gestión

La Directiva Marco del Agua establece como objetivo el buen estado de las masas de agua y la gestión por demarcaciones hidrográficas, con Planes Hidrológicos 2022‑2027 y sus Programas de Medidas [3]. Entre los instrumentos clave figuran los caudales ecológicos, la programación de saneamiento y depuración, la recuperación de costes de los servicios del agua (incluidos costes ambientales) y los Planes especiales de sequía que definen indicadores y fases de gestión [3][6]. La coordinación interadministrativa (confederaciones hidrográficas, comunidades autónomas y entidades locales) y la cooperación internacional en cuencas compartidas con Portugal se articulan dentro de la planificación de cuenca [3][6].

6.4. Infraestructuras y medidas de oferta/demanda

Las medidas combinan infraestructura gris (presas, canales, plantas de desalación y regeneración) con soluciones basadas en la naturaleza (renaturalización de riberas, recuperación de humedales, gestión de sedimentos) para mejorar la resiliencia y la calidad ecológica [3][6][9]. En oferta, la prioridad es optimizar lo existente (mejor gestión de embalses, interconexiones críticas, explotación conjunta superficial‑subterránea) y, en demanda, ahorro y eficiencia en agricultura y usos urbanos, tarificación con señales de escasez e impulso de la reutilización allí donde sea técnica y ambientalmente viable [3][6].

6.5. Gobernanza y evaluación

Los planes incluyen participación pública, seguimiento mediante indicadores (estado químico y ecológico, cumplimiento de caudales ecológicos, eficiencia de depuración), y evaluación periódica para actualizar medidas ante nuevas evidencias climáticas o presiones antrópicas [3][6]. Los informes de seguimiento estatales sintetizan avances y pendientes en calidad, cantidad y riesgos (sequías e inundaciones), integrando información hidrológica y climática [6][5].

Síntesis. La gestión del agua en España combina planificación de cuenca, regulación, eficiencia y recursos no convencionales para mitigar desequilibrios territoriales y garantizar el buen estado ecológico y químico de las masas de agua, con apoyo en indicadores, participación y revisión adaptativa [3][6][8].

7. Riesgos hidrológicos y retos ambientales (restauración fluvial)

7.1. Tipología y factores de los riesgos

Los principales riesgos hidrológicos en España son las inundaciones y las sequías, a los que se asocian procesos de erosión y transporte de sedimentos, contaminación difusa y puntual y salinización de acuíferos costeros [3][6][5]. Las inundaciones resultan de episodios de lluvia intensa (frentes atlánticos persistentes, DANA en el Mediterráneo) y de la ocupación de llanuras aluviales; su severidad aumenta en cuencas cortas y encajadas (Cantábrico, cuencas mediterráneas internas) y en tramos bajos con grandes llanuras (Duero, Guadalquivir) [5][6]. Las sequías combinan componentes meteorológica, hidrológica y socioeconómica y se manifiestan con especial intensidad en el interior meseteño y el sureste peninsular, donde la variabilidad interanual es mayor [5][6][8].

7.2. Marco de gestión del riesgo

La Directiva Marco del Agua y la planificación de cuenca integran medidas para prevenir, proteger y preparar frente a inundaciones y sequías, con caudales ecológicos, cartografía de peligrosidad y riesgo, planes especiales de sequía e indicadores de seguimiento que activan fases de gestión (prealerta, alerta, emergencia) [3][6]. La información climatológica y de vigilancia de AEMET sustenta sistemas de alerta temprana y análisis de tendencias de extremos [5].

7.3. Impactos ambientales prioritarios

La alteración del régimen por la regulación y derivaciones modifica hidrogramas, temperatura y conectividad fluvial, afectando al transporte de sedimentos y a hábitats ribereños; la contaminación difusa agraria (nutrientes, plaguicidas) y la puntual urbana‑industrial comprometen el estado químico; la sobreexplotación de acuíferos y la intrusión salina deterioran masas subterráneas litorales [3][6][8]. En deltas y albuferas, la reducción de aportes sólidos y la subida del nivel del mar incrementan la regresión y la salinización de humedales [5][6].

7.4. Restauración fluvial y soluciones basadas en la naturaleza

Las actuaciones de restauración fluvial buscan recuperar continuidad longitudinal y lateral, espacio de movilidad fluvial, riberas y humedales asociados, así como la dinámica de sedimentos [3][6][9]. Entre las medidas habituales figuran: retirada o permeabilización de obstáculos obsoletos, caudales ecológicos y regímenes de caudal más naturales, reconexión de llanuras de inundación, revegetación con especies autóctonas, gestión de sedimentos y mejora de meandros y márgenes. Estas soluciones basadas en la naturaleza reducen el riesgo de inundación, mejoran la calidad ecológica y pueden ser más rentables a largo plazo que exclusivamente la obra gris [3][6][9].

7.5. Adaptación al cambio climático

Las proyecciones climáticas apuntan a mayor irregularidad y extremalidad (sequías más largas, episodios de lluvia intensa más concentrados), lo que exige planificación adaptativa: diversificación de fuentes (reutilización y desalación donde proceda), eficiencia en todos los usos, gestión conjunta superficial‑subterránea, protección de zonas inundables mediante ordenación territorial y consolidación de infraestructuras verdes [5][6][8].

Síntesis. La reducción del riesgo y la mejora del estado de las masas de agua dependen de integrar restauración fluvial, caudales ecológicos, prevención territorial y gestión adaptativa bajo el marco de la Directiva Marco del Agua y los planes de cuenca, apoyados en la evidencia climatológica de AEMET y en el seguimiento hidrológico estatal [3][6][5][8][9].

Fuentes y referencias

Todas las fuentes son oficiales u académicas y han sido consultadas el 19/09/2025.

  1. Instituto Geográfico Nacional (IGN). «Las vertientes y cuencas hidrográficas | Agua (Bachillerato)». https://educativo.ign.es/atlas-didactico/agua-bach/las_vertientes_y_cuen...
  2. Atlas Nacional de España (IGN). «Cartografía general de España» (relieve y divisorias). https://atlasnacional.ign.es/wane/Cartograf%C3%ADa_general_de_Espa%C3%B1a
  3. Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO). «Directiva Marco del Agua y Planificación Hidrológica 2022‑2027». https://www.miteco.gob.es/es/agua/temas/planificacion-hidrologica/marco-... ; Texto legal DMA: DOUE-L-2000-82524 https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=DOUE-L-2000-82524
  4. MITECO. «Cuencas y subcuencas hidrográficas (IDE; esquema Pfafstetter modificado)». https://www.miteco.gob.es/es/cartografia-y-sig/ide/descargas/agua/cuenca...
  5. Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). «Datos y resúmenes climatológicos; vigilancia climática». https://www.aemet.es/es/serviciosclimaticos/datosclimatologicos ; https://www.aemet.es/es/serviciosclimaticos/vigilancia_clima/resumenes
  6. MITECO. «Informe de seguimiento de Planes Hidrológicos y Recursos Hídricos (síntesis)». https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/agua/temas/planificacion...
  7. IGN / CNIG. «Hidrografía de España (BTN Hydro; codificación Pfafstetter)». https://centrodedescargas.cnig.es/CentroDescargas/hidrografia
  8. MITECO – CEDEX. «Evaluación de recursos hídricos en régimen natural: metodología y series de referencia». https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/agua/temas/evaluacion-de...
  9. MITECO (Confederación Hidrográfica del Júcar). «La DMA: principios y objetivos» (folleto divulgativo). https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/agua/publicaciones/FOLLE...
  10. Custodio, E.; Llamas, M. R. (eds.) (1996). Hidrología Subterránea (2 vols., reimp.). Barcelona: Ediciones Omega.
  11. Chow, V. T.; Maidment, D. R.; Mays, L. W. (1994, trad. esp.). Hidrología aplicada. Madrid: McGraw‑Hill.
  12. Gutiérrez Elorza, M. (2008). Geomorfología (3.ª ed.). Madrid: Pearson‑Prentice Hall.